Vivimos en momentos convulsos y conflictivos. Y nuestra primera reacción es ‘cambiar de acera’. Es humano. Nadie nace con la obligación de ser héroe. Nadie se merece un reproche por no elegir.

Sin embargo, las organizaciones que representamos (o al menos lo intentamos) los intereses de un colectivo, en el caso de ASCEGA el de los empresarios y emprendedores, deberíamos opinar, deberíamos posicionarnos oficialmente, al margen de las convicciones individuales de cada uno de nuestros asociados.

Con la excusa de la sensatez nos mordemos la lengua muchas veces. Decimos que no es tibieza sino una manera de no echar gasolina a fuegos que deseamos ver apagados cuanto antes. La realidad es que nos ‘autocensuramos’. En aras de lo políticamente correcto dejamos de dar voz a lo que muchas veces es el sentir general de la mayoría de los asociados.

Por respeto al individuo, o a una minoría de individuos que pueden no compartir todas nuestras tesis como asociación empresarial (aún estando muy integrados en ella), dejamos de decir y, lo que es peor, dejamos que otros digan por nosotros.

Como siempre, hoy vamos a hacer un ejercicio de autocensura y no vamos a decir que «la democracia es el menos malo de todos los sistemas políticos por cosas como que las minorías pueden ser aplastadas o, en ocasiones, pueden imponer su voluntad a la mayoría, o por cosas como que el voto de un sabio investigador que peina canas vale lo mismo que el de un tardoadolescente de 18 años aspirante a entrar en Gran Hermano como modus vivendi ».

Hoy vamos a autocensurar algunas afirmaciones a las que quizá nos gustaría dar forma de editorial como que «las reglas del juego se pueden cambiar, pero siempre al final del partido y tras una negociación donde los que ‘juegan’ el partido también tengan algo que decir, que los consensos no sean sólo cuestión de despacho».

«Que votar libremente es la esencia de la democracia (ese sistema ‘menos malo’ que nos rige en España) y cuando toca hacerlo, una gran mayoría que luego protesta ni se levanta del sofá para meter la papeleta en la urna. Y que de eso se aprovechan los que proponen variopintos referendos en los que puedes llegar a salir de la OTAN o de España. No importa el censo electoral, sólo importa el recuento de las pocas papeletas, en proporción a dicho censo, que caen en el fondo de una urna de plástico opaco que nunca llega a llenarse». Pero esto tampoco vamos a decir hoy que lo hemos dicho nosotros.

Todos opinan sobre lo que se hizo mal, nadie ofrece soluciones mágicas. Porque no las hay. Si no nos autocensuráramos, en ASCEGA quizá diríamos «que el dinero no tiene patria, que igual que unos se van de una región otros pueden aterrizar en ella, aunque sea a esquilmar, a aprovecharse del ciudadano con la connivencia de esos gobernantes a la deriva a los que sólo les importa inyectar el virus del odio al otro por no pensar exactamente como tú»

Es una pena que, desde esta asociación de empresarios, dedicada a enarbolar siempre la bandera del «señores políticos y legisladores: déjennos en paz que ya nos encargamos los empresarios de crear la riqueza» no podamos alzar hoy la voz por la defensa de la suma y la multiplicación, porque eso es imperialista y facha, y lo que se lleva es restar y, sobre todo, dividir, en sus dos acepciones habituales de repartir miseria y de separar a las personas. Es una pena.

Si no nos autoaplicásemos de forma masoquista ‘la callada por respuesta’ quizá podríamos atrevernos a escribir editoriales que se titulasen ‘Basta ya’ ‘Nunca mais’ ‘No tinc por’ precisamente sin miedo a que nadie nos confunda con quienes antes las usaron para otras reivindicaciones. Pero nuestra pluma se está quedando sin tinta y nuestra afonía es manifiesta. Otra vez, una pena.

¿Qué tendrá la ‘autocensura’ que nos vuelve equidistantes para unos y enemigos para otros?

A los empresarios de ASCEGA nos gusta España aunque hoy “no la conozca ni la madre que la parió” pero nos gustan mucho más los españoles, duerman donde duerman, estén donde estén. Y no vamos a dejar que ningún español deje de percibir nuestro apoyo por mucha autocensura que queramos imponernos a nosotros mismos.

¡Ojalá se cierren las heridas, ojalá las cicatrices que esas heridas dejen acaben pasando desapercibidas, ojalá que la memoria no pierda la batalla contra la distorsión de los recuerdos!

Veremos donde nos encontramos dentro de unos días... y dentro de unos años. ¡Veremos! Y esperemos que esta maldita ‘autocensura’ que nos obliga a no decir lo que pensamos como asociación -aunque todos lo puedan intuir- no sea cómplice de que, algún día, una mujer o un hombre tengan que dejar de ser lo que sienten para esconderse en lo que otros les dicen que deben sentir.


ASCEGA participa en el programa "Catalizador de Oportunidades de emprendemento xove transfronterizo" (acrónimo LIDERA)

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