Y, sin embargo, se mueve... esta ciudad de A Coruña. Incluso más que “sin embargo” podríamos afirmar que “a pesar de”.

Visto lo visto el pasado martes día 6 en la sede de ASCEGA y, sobre todo, escuchado lo escuchado en el primer Debate sobre el Estado del Municipio que celebramos (en la doble acepción verbal de que tuvo lugar y de regocijo por contar en él con muchos asistentes y con los representantes de los grupos políticos), se nos ocurre parafrasear a Otto von Bismarck y adaptar a nuestra ciudad esa sentencia que algunos atribuyen al Canciller al referirse a España...

“Estoy firmemente convencido de que A Coruña es la ciudad más fuerte del mundo. Lleva estos últimos años queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido”

Aunque las diferencias entre algunos son mucho menos irreconciliables de lo que pudo dar la sensación al ‘tirarse los trastos a la cabeza’ en el debate, y permitiéndonos la ingenuidad ‘romántica’ de que todos tienen un mismo objetivo común que es hacer de A Coruña un lugar mejor (y no como se podría pensar de su condición de políticos el de perpetuarse en el cargo sea éste de gobierno o de oposición), lo cierto es que en las intervenciones de unos y otros no era fácil reconocer un proyecto claro de ciudad y sí un afán de negar los posibles ‘puentes’ que deberían tenderse entre ellos para que la economía local deje de estar en ‘barbecho’, mecida por los vaivenes del grande de la moda mundial.

Manel Méndez, representante del BNG (ante la ausencia por enfermedad de Avia Veira) quiso demostrar que se podía pensar y actuar en clave local sin parapetarse en las excusas de que son otras administraciones las que impiden llevar a cabo proyectos clave para la ciudad. Y casi lo consigue.

José Manuel García, por parte del PSdeG-PSOE, hizo una loa de esos tiempos ‘imperiales’ en donde se abrieron las entrañas de la ciudad en formas miles y emergió música vestida de Sinfónica, mientras defendía la necesidad (por responsabilidad) de abrir la espita a los que gobiernan María Pita.

Alberto Lema, desde Marea Atlántica, buen fajador (condición imprescindible para ocupar la concejalía que ocupa) reconoció la inexperiencia pero como factor diferenciador, sinónimo de ‘diferencia’ o ‘limpieza’, sustantivos que, según él, arrastraron a muchos coruñeses a elegir una nueva opción política. Y dejando a un lado el ‘manifiesto’ sí consiguió ‘colar’ alguna idea madre en su discurso, especialmente destacada la del medio millón de metros cuadrados de unos terrenos dentro del municipio ‘portuario’ que serán el pivote sobre el que girará la Coruña del futuro.

María Luisa Cid, representando al PP, fue fiel a sí misma, capaz de confundir agresividad con vehemencia y pedir disculpas por ello, basando su discurso en la esquizofrenia propia del que se encuentra atrapado en un bipartidismo que ya no lo es tanto y el que debe dar ‘estopa’ a los que gobiernan la ciudad y, especialmente, a los que les facilitan esa gobernabilidad.

Por alusiones. Lema pidió respeto y una confrontación de ideas sin bilis. García blandió números que algún invitado utilizó más tarde para enmendarle la plana, Méndez no se salió del carril de su coherencia local y, la popular Cid, quiso enderezar su alocución salpicando alguna que otra idea económica liberal.

Se echó en falta el tema del que habíamos venido a hablar, tanto, que hasta las primeras intervenciones de los asistentes, empezando por la del propio presidente de ASCEGA, Alfonso Salazar, no se encarriló el debate hacia la creación de empleo, las políticas concretas para lograrlo y sobre la falta de apoyo a la iniciativa empresarial en la ciudad.

Eran muchos los presentes capaces de dar lecciones a los políticos, lecciones de compromiso con la ciudad donde habitan, pero fueron sólo unos pocos, por falta de tiempo, los que se manifestaron, algunos de ellos desde la rabia y otros desde la pena, pero todos ‘ojipláticos’ con las pocas ganas de ‘sumar’ que se vieron en esa fría mañana asceguina.

Lo cortés no quita lo valiente, los cuatro se prestaron a venir, los cuatro debatieron y rebatieron, los cuatro agradecieron y los cuatro se mostraron dispuestos a volver. Y desde ASCEGA se lo reconocemos y les damos unas gracias sinceras (que ya les hemos transmitido oficialmente uno a uno).

Quizá la política local nunca tuvo el glamur suficiente para ser carne de selfie, y quizá por eso nos afecta tanto que nuestros concejales sean más de ‘pico’ (facial) que de ‘pala’, pero estamos convencidos que La Coruña, A Coruña, Coruña, Cruña, Marineda, o cómo ‘carallo’ quiera llamarla cada cuál, necesita menos ‘postureo’ y más arremangarse si aspiramos a que nuestros hijos tengan aquí más posibilidades que las de acabar borrachos en el botellón de los jardines de Méndez Núñez.

!Nos vemos el mes de abril en el próximo debate!


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