«Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.»

Poema 15
-Veinte poemas de amor y una canción desesperada-
Pablo Neruda

 

El pasado martes 10 de abril queríamos debatir sobre urbanismo y el concejal de ‘Rexeneración urbana’ debió de entender que queríamos ‘batir’ sobre él (golpes, metafóricos por supuesto, le hubiésemos dado muchos) y excusó su no comparecencia por motivos de “agenda muy exigente a estas alturas del año”. En fin...

Sin embargo, en ASCEGA, no quisimos renunciar a su presencia aunque ésta fuese algo simbólico, de ahí la silla vacía a modo de marco fotográfico. Imagen de Xiao Varela en tono gris cual símil de cómo está el panorama urbanístico en A Coruña.

A esa imagen inerte fueron dirigidas las primeras palabras de las alocuciones del resto de los concejales que sí aceptaron nuestra invitación para debatir y, como no, para ‘recibir’ las críticas de los numerosos ciudadanos empresarios y emprendedores asistentes esa lluviosa mañana de abril en el encuentro político dentro de nuestra sede de la calle Matadero.

Comenzó Avia Veira (BNG) y le siguieron José Manuel Dapena (PSDEG-PSOE) y Begoña Freire (PP) -que el orden de los factores no altera el producto- y, en esta ocasión, el producto era la ciudad de A Coruña y su futuro.

 

Avia deseó una ciudad «habitable», donde la regeneración de los barrios sea algo más que una línea en un programa electoral y donde los ciudadanos puedan sentir que vale la pena vivir y trabajar sin necesidad de tener que ‘escapar’ hacia otras zonas . Puso el ejemplo de Pontevedra y Allariz como no podía ser de otro modo por coherencia con sus siglas.

José Manuel recordó que la Marea ya no tenía excusa para ejecutar las acciones que contemplaba el presupuesto municipal aprobado a finales del año pasado gracias a los votos de su partido y destacó la ‘decadencia’ en la que se ha instalado la ciudad tras haber perdido el anterior gobierno municipal del PP una oportunidad histórica en materia de infraestructuras, cuando las diferentes administraciones tenían todas el mismo color político (afirmación hurtada a Avia quien la seguía sosteniendo con leves movimientos de cabeza).

Begoña Freire no dejó pasar la oportunidad para defender algunas de las obras que sí se consolidaron en la ciudad antes de la llegada de la Marea (como el tunel del Parrote) y hizo una pequeña digresión de lo urbanístico hacia lo económico cuando recordó que la falta de ejecución de cada millón de euros del presupuesto municipal supone dejar de crear unos 100 empleos (directos e indirectos) en A Coruña.

Y en eso estábamos cuando llegó al debate el tema de las licencias, que según una definición (que bien podría ser formulada por los que gobiernan hoy María Pita), son como un arma cargada de problemas que es mejor tener guardada en el cajón para que no puedan hacer daño a nadie. Será por ello que es mejor no concederlas.

Avia recomendaba reforzar el número de funcionarios (o personal contratado) en urbanismo para conseguir que alguien que quiere cambiar las ventanas de su casa no esté esperando 9 meses a que se lo permitan, José Manuel entendía que para la Marea un empresario que pretende realizar una actividad o montar un negocio en la ciudad es, de partida, alguien sospechoso, y por eso sus peticiones pasan a estar en cuarentena y, en la mayoría de los casos, su intención de invertir acaba en los municipios limítrofes, ganando A Coruña, una vez más, el premio a la decadencia. Begoña veía rasgos de inexperiencia sectaria en esta concejalía de rexeneración, muchas veces dejando la tramitación de las licencias -técnicamente- en manos de competentes funcionarios pero no permitiendo que el resto de los grupos políticos tengan información detallada del trámite de las que, legalmente, no necesitan ser ‘informadas’ en pleno.

¿Inexperiencia o incapacidad?

Lo cierto es que los asistentes al debate (muchos de ellos relacionados profesionalmente con el mundo de la arquitectura y la construcción) coincidieron en la inmensa merma económica que la paralización en la concesión de todo tipo de licencias ha supuesto para la ciudad, perdiendo inversiones directas sólo por el hecho de que un promotor inmobiliario no puede obtener del Ayuntamiento una información inmediata y confiable sobre lo que se puede o no hacer respecto a cualquier actuación urbanística. Y esto con un Plan General de Ordenación Urbana vigente.

Al filo de las 11 de la mañana, y tras algunas ‘pullitas’ PP-PSOE, con muchas cuestiones sin resolver (Alfonso Molina, Ciudad Vieja, Mercado de Santa Lucía, terrenos del puerto, etc...) con la foto del concejal algo más negra que al principio, y con una sensación de que el sentido común coruñés nos aconsejaría que los presentes se unieran más veces para espabilar al ausente, dimos pasos lentos pero seguros hacia los churros de Bonilla a los que, al contrario que al urbanismo coruñés, nunca se les podría aplicar la segunda de las acepciones que la RAE guarda para esta palabra tan española.

Esperamos que en el último debate sobre el estado de la ciudad, que celebraremos en el mes de mayo, el alcalde no se mire en el espejo de su concejal y acuda a nuestra llamada para defender ese proyecto de ciudad que dice que tiene, delante de algunos de sus ciudadanos, socios y amigos de ASCEGA, que si por algo se caracterizan es por su pluralidad política y su compromiso con A Coruña.

 

«Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza»


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