Se acabó. El 2015. Y vaya final de año. “Vive momentos interesantes” decía un oriental muy famoso hace muchos años.

Probablemente mirarás atrás estos días y buscarás entre la bruma de tus ojos a personas que ya no están.

Recordarás, muy difuminado, el principio de un año que se presentaba ilusionante y que, tocando a su fin, quizá no lo fue tanto.

Ya estarás mirando hacia el 2016 dando por terminado el tiempo de descuento en el que se mece el 2015 tras el sorteo de la lotería.

Buscarás excusas para justificar lo injustificable y te apuntarás éxitos que, lo más probable, no fueron más que un golpe de suerte.

Martina la próxima semana cumplirá 10 años. No es capaz de recordar cuando pidió un cachorrito por primera vez, pero sí que después de mucho insistir la cuenta atrás comenzó hace poco más de seis meses, cuando en casa dijeron SÍ.

Martina ¿estás despierta? Tengo un perrito conmigo, no es cachorro pero si lo quieres puede ser tuyo. Con esta llamada amaneció hace tres días.

Como no podía ser de otra manera su respuesta entre bostezos fue sí, sí, sí. ¿Cuándo me lo traes? Te lo llevo para que lo veas y, si te gusta, es para ti. Pero antes ¿me prometes que lo vas a cuidar? Pregúntale otra vez a mamá si te va a ayudar ¿Te envío una foto? ¿Quieres verlo? No hace falta respondió. Si te gusta a ti a mí me vale. Mamá dice que me ayuda y que puedes traerlo.

Aunque el 2015 no podrá ser analizado en toda su dimensión histórica hasta después del 20 de diciembre, la realidad es que, como se dice popularmente “está todo el pescado vendido”.

En lo que se refiere a los buenos -y malos- propósitos que cada uno se hubiera hecho cuando iba tomando las uvas hace casi doce meses, tiempo es de reconocer que, muy probablemente, no se han cumplido.

No importa, en unos días, se podrán formular de nuevo y, año tras año, volveremos a tener la ocasión de incumplirlos y de reformularlos una y otra vez.

En lo personal. Porque en lo empresarial, muy probablemente, si los objetivos mínimos no se han cumplido, no volverán a sonar campanadas que nos permitan empezar de nuevo.

Tampoco pasa nada, es tiempo de cambio y, muy probablemente, el 2016 será tiempo de neoemprendedores a la fuerza, de subida de cuota de autónomos, de ver alejarse todavía más cualquier atisbo de jubilación pagada, tiempo de copagos y, sobre todo, tiempo de agotamiento.

Roger Schank, considerado uno de los pedagogos más influyentes del mundo y autor del concepto “Aprender es hacer” afirma que “…la experiencia es el mejor motor del aprendizaje” y, estando de acuerdo con él, yo voy más allá, y digo que, cuando no tienes experiencia, el mejor camino hacia el éxito es ‘comprar’ la experiencia ajena.

Tras muchos años como empresario he atesorado esa experiencia necesaria que me cualifica como Asesor de Emprendedores, mi ocupación actual.

Un Asesor de Emprendedores, metafóricamente, es una persona que ha ido a la guerra, ha luchado en suficientes batallas como para saber que no todas se ganan, ha sido herido de mayor o menor gravedad y, cuando decide pasar a la reserva, es capaz y desea transmitir su experiencia bélica real a otros que, como él, son tan valientes (o tan locos) como para querer pelear en nuevas guerras.

Me preocupa tener dinero en la sucursal bancaria de toda la vida cuando veo que los que nos gobiernan y sus amigos hacen lo posible para guardarlo en la tierra de los relojes caros y del chocolate Nestle.

“Algo tendrá el agua cuando la bendicen” y bien protegidos estarán mis euros cuando reposen en una caja de seguridad de Ginebra.

Ginebra no es la ciudad del Gin Tonic, aunque su toponimia nos lo ponga ‘a huevo’, más bien es un lugar agradable, muy frío en invierno y fresquito en verano, lleno de alguna gente con mucha urbanidad y de otra que prefiere dormir en Francia e ir todos los días allí a trabajar porque es más barato. Con un gran pedazo de agua de origen glaciar de nombre Léman y un potente chorro de esa misma agua intentando alcanzar el cielo a cada rato mientras turistas y jubilados lo miran extasiados.

Cuando descubrió que Facebook no significaba ‘Caralibro’ canceló su cuenta.

Aunque ya sospechaba algo, porque era imposible encontrar la pestaña ‘libros’ entre la de ‘noticias’ y la de ‘amigos’, cuando puso en Google “Facebook traducción” lo acabó confirmando.

Él estaba especializado en buscar en Google cosas que no arrojaban ningún resultado, era su hobby. Lograr que signos de puntuación, interrogaciones, palabras inexistentes o secuencias de números volvieran loco al buscador era una de sus aficiones preferidas.

Aunque los tres botones en la chaqueta del traje han dejado de llevarse hace mucho tiempo él está convencido de que la moda siempre vuelve sobre sus pasos y que, muy pronto, seguro, serán tendencia de nuevo.

¿Cuántos años habían pasado desde el día en qué entró en aquella tienda de la calle Serrano en donde había comprado en rebajas el Ermenegildo Zegna? Ya ni se acordaba, pero sí tenía muy claro lo que había pagado por él: sólo 700 €, la misma cantidad que hoy tiene para intentar llegar a fin de mes.

Por fortuna, en aquellos días de vino y rosas, la calidad de ciertas prendas era proporcional a su precio y es ahora cuando puede dar fe de ello.

El cocodrilo apenas encuentra asidero en la fina tela en la que se ha convertido su polo blanco preferido, pero la sensación que le proporciona lucirlo en el pecho cada verano es mucho más importante para su moral que cualquier conclusión aventurada de un observador avezado que sea capaz de adivinar la precariedad en la que está instalado.

Ella entró por el garaje del hotel sin que nadie pudiese verla, o eso le pareció, la cámara de seguridad se fijó especialmente en el nuevo aspecto que tenía esa noche, daba la sensación de que hubiera pretendido hacerse pasar por otra persona, casi podría decirse que no era ella, pero lo era.

Él entró por la puerta principal del hotel, con paso firme y rápido se dirigió a la recepción y, como había supuesto cuando reservó la habitación, a esa hora de la noche lo recibió el empleado que siempre hacía el turno de noche, un chico joven, con cara de despistado que pasaba las largas y solitarias horas nocturnas mandando mensajes a sus amigos a través de las redes sociales sin prestar demasiada atención a lo que sucedía a su alrededor.

La mayoría ya habían nacido cuando Los Bravos lanzaron su famoso hit en 1966, y quizá porque en su subconsciente se les quedó grabado el estribillo como algo divertido, cuando las tarjetas  negras llegaron a sus manos, pensaron que no sólo se las merecían sino que nada de malo había en darles un uso importante.

Todos hubiésemos hecho lo mismo ¿tú no?

Es verdad, perdón por generalizar, tú eres de esa estirpe inmune a las tentaciones y estás alejado de la debilidad humana que a los demás nos hace mentir, codiciar, mirar para otro lado…

“Hijo mío, si quieres robar mucho, pero mucho, estudia contabilidad”

Como si decidiésemos rebuscar en los bolsillos de un viejo abrigo, los españoles nos hemos encontrado con 26.193 millones de 2013 que ni siquiera sabíamos que estaban allí.

La paradoja es que no encontramos los billetes. Aparentemente, cuando miramos dentro de esos  bolsillos, estos parecen estar llenos de dinero, pero cuando metemos la mano para cogerlos no logramos agarrar ni un mísero ‘bin Laden’ .

Lo bueno es que, ahora que llega el invierno, podemos ponernos de nuevo el abrigo y dirigirnos a cualquier banco donde veremos como, de forma casi milagrosa, nuestra capacidad de endeudamiento ha aumentado sin razón aparente.

Este es el único término que me faltaba por acuñar en el proceloso mundo del emprendimiento.

Estoy especialmente orgulloso de haber dado cuerpo a la palabra ‘emprendesario’ o al vocablo ‘emperdedor’ pero ninguno de ellos tiene tanta carga de profundidad en estos momentos como ‘desemprender’ o su variante ‘desemprendedor’.

Desemprender es nadar contra corriente, es ir en contra de la moda que nos envuelve de que todo el mundo puede montar un negocio o crear su propia empresa.

Desemprender es enarbolar un discurso realista y echarse a un lado cuando uno conoce sus limitaciones y sabe que el autoempleo no es lo suyo.

Desemprender es ser coherente incluso antes de haberlo intentado, es reconocerse a uno mismo en el espejo de un hipotético fracaso y apartar la mirada.  

Metáfora de nuestras carreteras en cualquier puente: algunos pueden circular a una velocidad adecuada, otros van como ‘motos’ rozando la ilegalidad y, la mayoría, estamos ‘atascados’.

La situación económica general es igual para todos sólo que a unos les ha cogido en la carretera correcta y con el coche lleno de gasolina y a los más sin pasar la ITV, con el chivato de la reserva tocando las narices y en una infame vía en obras en la que sólo tienes dos opciones, parar en el arcén o aborregarte pensando que sería mucho peor estar parado.

Apo tiene una edad, aunque no quiere que se sepa. Negro como la mayoría de sus compañeros, ahora está algo teñido: de rojo y de roja. De sangre y de España.

Apo tiene una patria pero no le importará relegarla a lo más profundo de sus recuerdos por un tiempo. Todo porque no quiere que más de dos años de viaje acaben en el mismo lugar donde empezaron.

Apo tiene una madre y, probablemente, un padre, aunque no lo haya conocido jamás. Y también una hermana, Amila, al menos es así como aparece en su perfil de Facebook, porque Amila tiene Facebook, y Apo también.

Una página en la que ha ido relatando su odisea cuando ha podido acceder a Internet desde su subsahariano teléfono móvil. Un muro lleno de fotos que nos hablan más de una huida que de una emigración.

Apo hoy está feliz, su sonrisa le delata, en la última foto que ha subido a la red esa sonrisa es más blanca que nunca, media luna que refulge como seguro lo hizo el satélite en algunas de las noches frías en las que Apo durmió mirándolo fijamente.

Ahora que está tan de moda hablar de cultura emprendedora, empredimiento y hasta emprendizaje, echo en falta el que se destaque algo sin lo que ninguna empresa puede aspirar a ser perdurable en el tiempo, quizás porque los, sin duda mal denominados, “agentes sociales” se han ocupado de fomentar una posición de enfrentamiento empresa-trabajador. Cuando escuchas sus declaraciones, las de ambas partes, sólo se habla de condiciones y derechos, de reivindicaciones unilaterales, y olvidan, o quieren olvidar, que inevitablemente deben de tener un objetivo común: que a la empresa le vaya bien. Así de simple.

El otro día, caminando por la calle Montera de Madrid, a escasos metros de la Puerta del Sol, en una tarde noche abarrotada de paseantes, turistas, arribistas y demás fauna de diverso pelaje, me vino a la mente el despropósito de nuestro régimen especial de los trabajadores autónomos donde la mayoría de los emprendedores estamos porque no nos queda más remedio y donde a las prostitutas que, en ese y en otros muchos lugares de España, prestan, sin ningún interés, por cierto, sus servicios sexuales a todo aquél que esté dispuesto a pagar el precio que piden, no les dejan entrar.

El día 28 de Mayo de 1816 Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos de América, escribió una larga carta a un amigo suyo llamado John Taylor.

En dicha misiva, entre muchas otras, aparece exactamente esta frase:

"I sincerely believe, with you, that banking establishments are more dangerous than standing armies."

“Creo, sinceramente, como tú, que los sistemas bancarios son más peligrosos que los ejércitos.”

La leyenda que se va gestando con el paso del tiempo en torno a la figura de un personaje tan especial como Jefferson es un ‘caldo de cultivo’ perfecto para poner en su pluma algunas palabras más cáusticas: 

En la vida hay que estar siempre dispuesto a empezar de nuevo, aunque cueste ‘un huevo’.

Alguien dijo una vez: nadie debería emprender en España sin haber visto antes este vídeo:

Quizá exageraba, o quizá no.

Y usted ¿qué opina?  

Interpretado por Manuel Dafonte este pasado mes de julio.

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